¿Quiénes son los animales acuáticos?

¿Quiénes son los peces? (los animales acuáticos)
¡Facultades sorprendentes! (los peces)
¡Extraterrestres entre nosotros! (los cefalopodos)
¡Bajo el caparazón, un gran corazón! (los crustáceos)

¿Quiénes son los peces?

Existen miles de millones de especies de peces cohabitando con el resto de animales acuáticos. Su hábitat ocupa las tres cuartas partes del planeta y, sin embargo, no les conocemos. Debido a esto, los masacramos a gran escala y en condiciones horribles.
La consideración con los animales está aumentando entre la población, pero en absoluto con los peces. Por ello, estos representan la inmensa mayoría (el 95%) de víctimas para el consumo de carne. Cada año se matan de 1 a 3 billones de peces.

Asistimos pues, impasibles, a una masacre inimaginable.

Los peces sienten dolor. Cada animal posee rasgos de personalidad y reconoce individualmente a los suyos, con quienes se comunica.
Del mismo modo, el pulpo y calamar presentan una capacidad mental impresionante. Ellos también pueden sufrir, al igual que el bogavante, el cangrejo y la gamba.

El hecho de mostrar una actitud normalmente menos simpática hacia los animales acuáticos no hace que su vida tenga menos importancia: su vida y su felicidad son por lo tanto más importantes que la simpatía o atracción que sintamos hacia ellos.

Esperamos que esta exposición, íntegramente dedicada a estos individuos, sepa hacerles reflexionar.
 
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¡Facultades sorprendentes!

Nuestro planeta alberga una increíble diversidad de especies de peces. Y son más fascinantes de lo que parece.

Numerosos datos e investigaciones demuestran que muchos peces poseen una conciencia muy desarrollada. Tienen una vida social compleja: crean alianzas (incluso con peces de otras especies), elaboran estrategias, calculan los costes y beneficios de sus actos, utilizan herramientas, son capaces de comunicarse con elaboradas técnicas, aprenden y recuerdan durante mucho tiempo, son curiosos y perspicaces.

Los peces poseen una memoria a largo plazo, al contrario de la creencia popular. Los salmones encuentran (gracias al olfato) el río que les vio nacer tras varios años a miles de kilómetros de ese lugar.

A veces hacen gala de talentos tan sorprendentes que no podríamos ni imaginarlos. El gobio, por ejemplo, tiene una capacidad espacial asombrosa: estos peces viven en pequeños charcos que se forman entre las rocas al bajar la marea. Cuando un pájaro intenta cazarlos, el gobio salta de un charco a otro evitando las rocas. Y sin embargo, no puede ver los otros charcos. Lo que ocurre es que memorizan el relieve del terreno durante la marea alta, observan dónde se encuentran las cavidades y deducen así la posición de los charcos durante la marea baja.
¡Un experimento en un tanque artificial demostró que con solo una visualización durante la marea alta el gobio era capaz de memorizar todo el relieve del lugar!

Y sobre todo, a diferencia de lo que se dice popularmente, los peces sienten dolor y miedo, y esto ha sido demostrado científicamente.

Por esto tenemos que tenerles en consideración.

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¡Extraterrestres entre nosotros!

Los cefalópodos (pulpos, sepias, calamares…) son unos invertebrados sorprendentes: su sangre es azul, tienen tres corazones, de ocho a diez tentáculos capaces de sentir y saborear, un sistema nervioso repartido a lo largo de todo el cuerpo y un gran cerebro. Los tentáculos pueden moverse independientemente, incluso tras haber sido amputados, además, pueden regenerarse. Algunas especies pueden cambiar de forma y de color, incluso alternando distintas tonalidades. El calamar de arrecife del Caribe puede comunicarse, gracias a ciertas gamas de color, con un congénere a su derecha y enviar un mensaje diferente a otro a su izquierda. ¡Como protección, los pulpos reproducen voluntariamente el color, la forma y la manera de nadar de los peces depredadores!

    Las capacidades intelectuales de los pulpos dejan estupefactos a los investigadores. Otto se encaramaba a la parte superior de su acuario para expulsar un chorro de agua sobre un proyector demasiado potente que le molestaba, lo que provocaba numerosos cortocircuitos. Tras innumerables intentos, Sid pudo escaparse burlando los sistemas de seguridad del New Zealand Marine Studies Center.

Los cefalópodos son víctimas de una pesca intensiva con técnicas como la de cerco, de arrastre o con palangre. Estos métodos les hacen sufrir intensamente.

En el 2016 las capturas rondaban los cinco millones de toneladas: el equivalente a 135 000 camiones de 35 toneladas cada uno. Decenas de billones de individuos…

¡Bajo el caparazón, un gran corazón!

Cangrejos, gambas, langostas, cigalas, bogavantes, cangrejos de río… todos ellos víctimas de una pesca masiva, y la cría intensiva de gambas crece exponencialmente. En el 2016, la pesca y la cría ha dado muerte, cada una, a cerca de 7 millones de toneladas… de seres sensibles. Sin duda alguna, se trata de centenas de miles de millones de individuos.
Para pescarlos se destruyen los fondos oceánicos. Las dos terceras partes de las capturas las constituyen otros animales marinos: las “capturas desecho”.
En cuanto a los crustáceos de criadero, se les alimenta con otros peces, por lo tanto se añaden aún más muertes.

Los crustáceos poseen un sistema nervioso más simple y menos centralizado que los peces, sin embargo sienten dolor.
A los bogavantes y a los cangrejos se les desmiembra y/o cuece vivos. Sufren este martirio durante varios minutos hasta que su sistema nervioso descentralizado se destruye totalmente. En la industria, se sumerge a los bogavantes en agua dulce: agonizan así durante dos horas.

Los bogavantes en libertad pueden vivir, solitarios, más de un siglo. Pero una vez que son capturados, se les amontona en cajas y llegan a permanecer con las pinzas atadas durante más de un mes.

Este sufrimiento y muerte son moralmente inaceptables. El derecho a vivir y a no ser torturados debería reconocerse también para los crustáceos.